En África cuando se crea un objeto, una silla, un recipiente, un arma o cuando se fabrica un tejido, se le añade un plus a su apariencia visual.

Se busca un bello color, se realiza una decoración, esculpida o pintada, por muy humilde que fuese.

El artesano no se contentaba con producir una pieza funcional, aspiraba a hacerla bella, para satisfacer su orgullo de creador, para el placer de su cliente, o finalmente, con el interés de captar nuevos clientes. El resultado es a menudo notable, si se tienen en cuenta los limitados medios de los que se dispone.

Esto se refleja a menudo en el aspecto exterior de los edificios, por ejemplo, en los graneros de los Dogon, con sus tradicionales puertas esculpidas que aun hoy en día se siguen utilizando. En estas nos encontramos alineaciones de personajes reducidas a formas geométricas que evoca los mitos de la cultura Dogon o los antepasados.

Estas puertas estaban provistas de cerraduras de madera, también decoradas con figuras míticas, con un ingenioso sistema mecánico interior, accionado con una llave.

Otros numerosos ejemplos de estas cerraduras se encuentran en los pueblos de agricultores, como los Senufo de Costa de Marfil o los Bambara, todos ellos interesados en salvaguardar sus preciadas cosechas.